Gracias Javier, Compañero. Hasta pronto, amigo.
De cuerpo grande
y corazón aún más grande.
Dotado de una franca sonrisa manchega,
de esas que empujan el mentón hacia la alegría.
Llenaste nuestras vidas de nobleza e inteligencia.
Hasta hace poco compartíamos
conversaciones, tareas, bromas y preocupaciones.
Trabajar contigo era diferente.
Desde tu altura serena
imprimiste un ritmo pausado y abierto,
tan necesario en una realidad repleta de prisas y complejos.
Ser tu amigo nos alimentó con tu particular forma de estar en el mundo.
Echaremos de menos la forma vergonzosa en que cerrabas tus inteligentes ojos cuando
conseguíamos hacerte sonreír.
Me cuesta pensar en ti en pasado.
Mi memoria insiste en verte sentado,
tecleando en tu lugar de siempre.
Se repiten las ocasiones en que creo verte entre la multitud.
Por la noche,
el reino de la ausencia,
algunos escuchamos tu voz noble y serena.
Sé que no volveré a verte aparecer,
llenando la puerta de la sala
que compartimos durante años privilegiados.
Nada volverá a ser como antes.
Es difícil escribir
con agua y sal en los ojos.
Duele demasiado aceptar la evidencia.
Y, sin embargo, somos afortunados.
Pudimos compartir y aprender contigo,
arropados por la confianza
que construías día a día.
Ayudaste a muchos a ser mejores personas.
Esas semillas agradecidas te recordaran,
seguirán germinando durante años.
Cuesta entender que ya no volveremos a conversar sobre aquello que nos parecía tan
importante. Nos quedamos huérfanos de tus certeros puntos de vista.
Ha desaparecido la tranquilidad de saber que estabas ahí.
Ha quedado sordo ese humor socarrón, tajante, nacido de la pasión por la tierra.
Nunca te agradeceré lo bastante
que nos abrieras los ojos
y nos invitaras a apartarlos
de nuestros sesgados ombligos.
Siempre que mire a los montes,
recordaré a carcajadas
que existen otras tierras más verdes
regadas con explosiones de sinceridad.
Se ha caído un gran árbol.
Pero quedan sus semillas,
sobre el terreno abonado
por tu bondad desbordante.
Se ha marchado un gran educador
y una persona aún más grande.
Ojalá tus amadas matemáticas tengan razón
y estadísticamente aún queden posibilidades
de volver a abrazarte,
compartiendo enormes fritillas
desbordantes de manjares y vitalidad.
Hasta pronto, amigo.
AC ♪ Por mí y por todos mis compañeros ♪